Hipotiroidismo y miedo a los carbohidratos: rompiendo dogmas sobre T3, metabolismo y dietas bajas en hidratos
Durante años, muchas mujeres con hipotiroidismo, Hashimoto, fatiga crónica, amenorrea, inflamación o dificultad para perder grasa han recibido el mismo mensaje:
“Come menos.”
“Quita carbohidratos.”
“Haz keto.”
“Entrena más.”
“Si no bajas, es porque no haces suficiente.”
Pero el metabolismo femenino no funciona solo desde la restricción. Funciona desde la interpretación de señales.
Y una de las señales más importantes para el eje tiroideo, la disponibilidad energética, la recuperación y la composición corporal es la cantidad de energía útil que el cuerpo percibe que tiene disponible.
Por eso, cuando hablamos de hipotiroidismo y carbohidratos, el debate no debería reducirse a:
“carbohidratos sí”
o
“carbohidratos no”.
Ese es un debate pobre.
La pregunta realmente importante es:
¿En qué contexto fisiológico se encuentra esa mujer?
Porque una dieta baja en hidratos puede ser útil en determinados escenarios metabólicos. Pero en una mujer con hipotiroidismo, autoinmunidad, estrés crónico, baja disponibilidad energética, entrenamiento intenso, amenorrea o historial de restricción, puede convertirse en otra señal de escasez.
Y cuando el cuerpo percibe escasez, no siempre prioriza perder grasa.
A veces prioriza conservar energía.
La T3: la hormona tiroidea metabólicamente activa
La glándula tiroides produce principalmente T4, que funciona en gran parte como una prohormona. Para ejercer buena parte de sus efectos metabólicos, esa T4 debe convertirse en T3, la forma más activa de la hormona tiroidea a nivel celular.
La conversión de T4 a T3 depende en gran medida de unas enzimas llamadas deiodinasas. Las deiodinasas tipo 1 y tipo 2 participan en la conversión de T4 hacia T3 activa, mientras que otras vías pueden favorecer metabolitos menos activos como la reverse T3 o rT3. La deiodinación es una de las vías principales del metabolismo de las hormonas tiroideas.
La T3 participa en procesos como:
- gasto energético
- termogénesis
- función mitocondrial
- utilización de carbohidratos y grasas
- recuperación muscular
- energía diaria
- temperatura corporal
- sensibilidad al déficit calórico
- respuesta al entrenamiento
Por eso, cuando la T3 baja, muchas mujeres pueden sentir que su cuerpo entra en un estado de “modo ahorro”: más frío, más fatiga, peor recuperación, menor rendimiento, más retención de líquidos, más hambre o más dificultad para responder al déficit.
Y aquí aparece uno de los grandes errores clínicos y divulgativos:
mirar solo la TSH.
Una TSH dentro de rango no siempre cuenta toda la historia metabólica. Puede existir una adaptación periférica en la conversión de T4 a T3 sin que necesariamente aparezca una elevación clara de TSH.
El dogma: “si tienes hipotiroidismo, quita carbohidratos”
Muchas mujeres con hipotiroidismo llegan a consulta con miedo a los carbohidratos.
No miedo racional. Miedo aprendido.
Han escuchado durante años que los hidratos “engordan”, que “inflaman”, que “bloquean la pérdida de grasa”, que “suben la insulina” o que “no son necesarios”. Y aunque algunas de esas afirmaciones puedan tener parte de verdad en determinados contextos, el problema aparece cuando se transforman en reglas absolutas.
Porque la fisiología no funciona con dogmas.
Funciona con contexto.
Una mujer con resistencia a la insulina, obesidad, sedentarismo y alto consumo de ultraprocesados no es el mismo escenario que una mujer con hipotiroidismo, baja ingesta calórica, estrés crónico, entrenamiento intenso, amenorrea, mala recuperación y años de restricción.
Aplicar el mismo protocolo a ambas es un error.
Y ese es el punto central de este artículo:
el problema no son los carbohidratos.
El problema es aplicar restricción sobre un cuerpo que ya está funcionando en modo supervivencia.
Qué muestra la evidencia sobre dietas bajas en hidratos, cetosis y T3
La evidencia científica no dice que la dieta cetogénica sea “mala”. Tampoco dice que todas las mujeres necesiten una dieta alta en carbohidratos.
Lo que sí muestra es algo mucho más interesante:
la T3 responde al contexto energético, a la composición de la dieta, al estado de restricción y al estrés fisiológico.
Un ensayo piloto aleatorizado cruzado comparó una dieta cetogénica con una dieta alta en carbohidratos y baja en grasa en participantes sanos, normopeso, con dietas isocalóricas y actividad física controlada. La dieta cetogénica aportaba 15% de carbohidratos, 60% de grasa y 25% de proteína; la dieta alta en carbohidratos aportaba 55% de carbohidratos, 20% de grasa y 25% de proteína.
El resultado fue muy relevante: después de la dieta cetogénica, la T3 disminuyó significativamente, mientras que con la dieta alta en carbohidratos no hubo una reducción significativa de T3. Además, la TSH no mostró un efecto significativo de la dieta.
Esto es importante porque demuestra que una dieta cetogénica puede modificar el perfil tiroideo periférico incluso cuando la TSH no se altera de forma relevante.
Dicho de otra forma:
la analítica puede parecer “normal” si solo se mira la TSH, pero la señal metabólica activa puede estar reducida.
No siempre es solo el déficit: también importa el tipo de déficit
Uno de los puntos más importantes es que el cuerpo no interpreta únicamente cuántas calorías entran. También interpreta de dónde vienen esas calorías y qué señales hormonales acompañan a esa dieta.
En el estudio clásico de Spaulding et al., se observó que el ayuno reducía la T3 y aumentaba la reverse T3. Además, las dietas hipocalóricas sin carbohidratos también reducían la T3 de forma marcada, mientras que dietas isocalóricas con una cantidad mínima de carbohidratos no producían el mismo cambio en T3 y rT3. Los autores concluyeron que el carbohidrato dietético era un regulador importante de la producción de T3 en humanos.
Este punto es clave para romper otro dogma:
no todos los déficits calóricos son iguales.
No es lo mismo una dieta hipocalórica con carbohidratos suficientes, proteína adecuada y buena disponibilidad energética alrededor del entrenamiento, que una dieta hipocalórica, baja en carbohidratos, alta en estrés, con mucho entrenamiento y mala recuperación.
Ambas pueden tener las mismas calorías en papel.
Pero no envían las mismas señales al sistema endocrino.
El posible “umbral” de carbohidratos y la conversión tiroidea periférica
Pasquali et al. estudiaron el efecto de distintas cantidades de carbohidratos durante dietas hipocalóricas sobre el metabolismo periférico de las hormonas tiroideas. Sus datos sugieren que puede existir un umbral de carbohidratos por debajo del cual se modifican las concentraciones de hormonas tiroideas, independientemente de la ingesta calórica total. Los autores concluyeron que el contenido de carbohidratos de la dieta podía ser más importante que las fuentes no carbohidrato en la modulación del metabolismo periférico tiroideo.
Esto no significa que exista una cifra mágica válida para todas las mujeres.
No significa que todas necesiten 200 gramos de hidratos.
No significa que todas tengan que comer alto en carbohidratos.
Significa algo mucho más clínico:
cada mujer tiene un umbral fisiológico diferente.
Y ese umbral depende de:
- masa muscular
- entrenamiento
- estrés
- sueño
- inflamación
- función tiroidea
- ciclo menstrual
- disponibilidad energética
- gasto diario
- historial de dietas
- digestión
- glucemia
- sensibilidad a la insulina
- función hepática
- estado del sistema nervioso
Por eso el trabajo no es defender carbohidratos.
El trabajo es interpretar el contexto.
Dieta baja en carbohidratos, rT3 y señal de ahorro
La reverse T3 o rT3 suele aparecer en la conversación sobre metabolismo tiroideo porque puede aumentar en situaciones de ayuno, enfermedad, estrés fisiológico o restricción. Es importante no convertir la rT3 en otro dogma ni utilizarla como único marcador clínico. De hecho, algunas revisiones advierten que el uso de rT3 para guiar decisiones terapéuticas en el tratamiento tiroideo tiene limitaciones y no debe simplificarse.
Pero desde una perspectiva fisiológica, sí es relevante entender que durante el ayuno o la deprivación calórica relativa, la T3 puede bajar como una respuesta homeostática para conservar energía y proteína.
Endotext describe el síndrome de enfermedad no tiroidea o adaptación por enfermedad/ayuno como un patrón en el que puede aparecer baja T3, rT3 elevada y TSH normal o baja, especialmente en contextos de enfermedad grave o inanición. Aunque no debemos extrapolar de forma directa la fisiología de UCI a mujeres sanas que hacen dieta, el concepto de fondo es útil: el eje tiroideo periférico responde a la disponibilidad energética y al estrés del organismo.
Este matiz es fundamental.
No se trata de decir:
“si baja la T3, tienes una enfermedad tiroidea primaria.”
Se trata de entender que:
la T3 puede bajar como adaptación a una señal de escasez.
Y en mujeres con hipotiroidismo, autoinmunidad, amenorrea, sobreentrenamiento o estrés crónico, esa adaptación puede ser clínicamente relevante.
Restricción calórica crónica: T3 baja incluso con proteína y micronutrientes adecuados
Otro estudio muy importante es el de Fontana et al., que analizó el efecto de la restricción calórica crónica con adecuada proteína y micronutrientes sobre hormonas tiroideas en adultos sanos, delgados y con peso estable. El objetivo era estudiar la relación entre restricción calórica prolongada y función tiroidea.
Los autores observaron que la restricción calórica crónica se asociaba con menores niveles de T3. Este punto es muy relevante porque muestra que la bajada de T3 no depende únicamente de una dieta “mal hecha” en términos de micronutrientes o proteína. Puede aparecer como parte de una adaptación energética sostenida.
Esto conecta directamente con muchas mujeres que llegan a consulta diciendo:
“Como muy limpio.”
“Como suficiente proteína.”
“Entreno fuerza.”
“No como ultraprocesados.”
“Me esfuerzo muchísimo.”
“Pero mi cuerpo no responde.”
Y precisamente ahí está el problema.
A veces no falta disciplina.
Falta disponibilidad energética.
Dietas cetogénicas muy bajas en calorías y función tiroidea
Las dietas cetogénicas muy bajas en calorías, conocidas como VLCKD, se han utilizado en obesidad y en algunos contextos clínicos. Pueden producir pérdida de peso y mejorar ciertos marcadores cardiometabólicos en algunas personas, pero eso no significa que sean metabólicamente neutras ni adecuadas para todo perfil.
Una revisión de 2024 sobre obesidad, disfunción tiroidea relacionada con obesidad y posible papel de la VLCKD señala que la pérdida de peso y las dietas bajas en calorías/altas en grasa pueden afectar a los niveles de hormonas tiroideas. En particular, la revisión indica que mujeres con obesidad sometidas a VLCKD tienden a mostrar reducción de T3.
De nuevo: esto no significa que la VLCKD sea mala en todos los casos.
Significa que no debería aplicarse como protocolo genérico, especialmente en mujeres con:
- hipotiroidismo
- Hashimoto
- historia de amenorrea
- estrés crónico
- fatiga intensa
- bajo peso o normopeso
- baja disponibilidad energética
- entrenamiento intenso
- antecedentes de trastorno de la conducta alimentaria
- mala recuperación
- alteraciones digestivas
- alta carga inflamatoria
En esos casos, quitar más carbohidratos puede no ser una solución.
Puede ser otra capa de estrés.
Baja disponibilidad energética, entrenamiento y T3 baja
Aquí es donde este tema se vuelve especialmente importante para mujeres que entrenan.
La baja disponibilidad energética aparece cuando la energía que queda disponible para las funciones fisiológicas básicas después de descontar el gasto del ejercicio es insuficiente. En el deporte, esto se relaciona con el concepto de RED-S o Relative Energy Deficiency in Sport.
La revisión de Angelidi et al. sobre RED-S resume la investigación disponible sobre baja disponibilidad energética en poblaciones atléticas y militares, y aborda mecanismos endocrinos implicados, incluyendo leptina y otros ejes hormonales.
Wasserfurth et al. también describen consecuencias de la baja disponibilidad energética en atletas, incluyendo adaptaciones hormonales y metabólicas. La disponibilidad energética baja puede afectar leptina, función reproductiva, metabolismo, salud ósea, recuperación y rendimiento.
Además, una revisión sobre baja disponibilidad energética en mujeres atletas señala que décadas de investigación han mostrado alteraciones en varios sistemas corporales tras pocos días de baja disponibilidad energética estrictamente controlada.
Y un artículo reciente de Hackney et al. plantea la hipótesis de que la combinación de baja disponibilidad energética con bajo consumo de carbohidratos puede contribuir a un estado de baja T3 y amplificar consecuencias hormonales negativas asociadas a RED-S.
Este punto es brutal para tu posicionamiento:
en mujeres que entrenan, el miedo a los carbohidratos no solo afecta al peso.
Puede afectar a la señal tiroidea, la recuperación, el ciclo menstrual, el rendimiento y la capacidad real de adaptación al entrenamiento.
La leptina como señal de disponibilidad energética
La leptina es una hormona producida principalmente por el tejido adiposo que informa al cerebro sobre el estado energético del organismo. Cuando la disponibilidad energética baja, la leptina tiende a disminuir, y esto puede participar en la adaptación del eje reproductivo y tiroideo.
Flier describió la relación entre leptina, nutrición y función tiroidea, señalando que durante la inanición los niveles de T4 y T3 pueden caer, contribuyendo a un estado de hipotiroidismo central adaptativo.
Este mecanismo ayuda a entender por qué una mujer puede estar comiendo “muy limpio” y aun así experimentar síntomas de bajo metabolismo.
Porque el cuerpo no evalúa si la dieta es “limpia”.
Evalúa si la dieta le permite sostener sus funciones vitales, reproductivas, inmunes, digestivas, musculares y neurológicas.
Y si la señal que recibe es escasez, el cuerpo reduce gasto.
No porque esté roto.
Sino porque está intentando protegerse.
Por qué esto es especialmente relevante en hipotiroidismo y Hashimoto
En una mujer con hipotiroidismo o Hashimoto, la función tiroidea ya puede estar comprometida o ser más vulnerable a cambios en estrés, inflamación, déficit energético, digestión, micronutrientes, sueño y carga de entrenamiento.
Por eso, aplicar dietas muy bajas en carbohidratos sin valorar el contexto puede ser problemático.
No porque el carbohidrato sea “obligatorio” en todos los casos.
Sino porque en muchas mujeres con hipotiroidismo el metabolismo ya está funcionando con una señal reducida.
Si a esa situación se le suma:
- restricción calórica
- bajo consumo de carbohidratos
- alto entrenamiento
- mala recuperación
- estrés crónico
- sueño pobre
- inflamación
- digestión alterada
- ciclo menstrual irregular
- baja masa muscular útil
- déficit de hierro, zinc, selenio o vitamina D
- historial de dietas agresivas
el cuerpo puede interpretar que no hay condiciones seguras para gastar energía, construir músculo, ovular correctamente o perder grasa de forma eficiente.
Y aquí aparece una frase clave:
no toda mujer con hipotiroidismo necesita menos carbohidratos.
Algunas necesitan dejar de enviarle al cuerpo señales de amenaza.
El error de interpretar la pérdida de peso como éxito metabólico
Una dieta baja en carbohidratos puede producir una bajada rápida de peso inicial. Pero parte de esa pérdida puede deberse a glucógeno y agua, no necesariamente a pérdida real de grasa.
Además, una bajada de peso rápida no siempre significa mejora metabólica.
En el ensayo de Iacovides et al., la dieta cetogénica produjo mayor pérdida de masa corporal que la dieta alta en carbohidratos, pero también se observó una reducción de T3. Los autores señalan que, aunque la ingesta y el gasto estaban controlados, los cambios observados en T3 sugieren que ocurren adaptaciones metabólicas en cetosis nutricional que merecen más investigación.
Esto nos permite romper otro dogma:
perder peso no siempre significa que el metabolismo esté mejorando.
A veces la báscula baja, pero la señal hormonal activa también baja.
Y esto, en una mujer con historial de restricción, puede terminar generando el típico patrón:
- baja peso al inicio
- después se estanca
- aumenta fatiga
- empeora sueño
- empeora recuperación
- aparece ansiedad por comida
- baja rendimiento
- se altera el ciclo
- sube la retención
- deja de responder al déficit
La pregunta no es solo:
“¿Está bajando peso?”
La pregunta real es:
“¿Está mejorando su fisiología?”
Carbohidratos, insulina y miedo metabólico
Uno de los motivos por los que muchas mujeres tienen miedo a los carbohidratos es la insulina.
La insulina suele presentarse como una hormona enemiga, cuando en realidad es una hormona imprescindible para la vida, la recuperación, el metabolismo de la glucosa, el almacenamiento de glucógeno y la señalización anabólica.
El problema no es la insulina.
El problema puede ser la resistencia a la insulina en determinados contextos.
Pero en una mujer deportista, estresada, con hipotiroidismo, baja disponibilidad energética, poco glucógeno y mala recuperación, una señal moderada de insulina alrededor del entrenamiento puede ser fisiológicamente útil.
Los carbohidratos no son solo calorías.
También son una señal de disponibilidad energética.
Y en el contexto adecuado pueden ayudar a:
- sostener rendimiento
- rellenar glucógeno
- reducir percepción de estrés
- mejorar recuperación
- modular cortisol
- apoyar función tiroidea periférica
- mejorar adherencia
- reducir ansiedad por comida
- sostener el ciclo menstrual en mujeres vulnerables
Esto no significa comer cualquier carbohidrato, en cualquier cantidad y en cualquier momento.
Significa dejar de demonizar una herramienta fisiológica.
El contexto femenino: por qué las mujeres no son hombres pequeños
El metabolismo femenino es especialmente sensible a la disponibilidad energética, al estrés, al sueño, al entrenamiento excesivo, al ciclo menstrual y a la función tiroidea.
Por eso, muchas estrategias que se venden como “metabólicamente superiores” pueden funcionar en un perfil masculino, sedentario o con obesidad, pero no necesariamente en una mujer entrenada, normopeso, con hipotiroidismo, amenorrea o fatiga.
La baja disponibilidad energética en mujeres atletas se ha relacionado con alteraciones reproductivas, óseas, metabólicas y de rendimiento. Las revisiones sobre RED-S y baja disponibilidad energética destacan que el problema no es solo el peso corporal, sino el impacto multisistémico de sostener una energía insuficiente para las demandas del cuerpo.
Por eso, cuando una mujer con hipotiroidismo y entrenamiento intenso no responde, no siempre necesita:
- más déficit
- más cardio
- más ayuno
- menos hidratos
- más control
- más sacrificio
A veces necesita:
- más disponibilidad energética
- más carbohidrato estratégico
- mejor sueño
- menos estrés fisiológico
- fuerza bien programada
- menos castigo metabólico
- mejor digestión
- evaluación tiroidea completa
- regulación del sistema nervioso
- periodización nutricional
Esto no es “comer más porque sí”.
Es intervención fisiológica.
Qué analíticas deberían valorarse antes de demonizar carbohidratos
Antes de decirle a una mujer con hipotiroidismo que quite carbohidratos, habría que mirar mucho más que su peso.
Desde un enfoque clínico-funcional, tendría sentido valorar:
- TSH
- T4 libre
- T3 libre
- anticuerpos tiroideos si hay sospecha de Hashimoto
- ferritina
- hierro sérico
- saturación de transferrina
- vitamina D
- B12
- folato
- zinc
- selenio
- glucosa
- insulina
- HbA1c
- perfil lipídico
- proteína C reactiva
- cortisol si procede
- marcadores hepáticos
- ciclo menstrual
- temperatura corporal
- frecuencia cardiaca en reposo
- calidad del sueño
- digestión
- carga de entrenamiento
- pasos diarios
- síntomas de recuperación
Y, sobre todo, habría que escuchar síntomas.
Porque una mujer no es solo una TSH.
Una mujer es un sistema.
Síntomas que pueden sugerir mala adaptación a una dieta muy baja en carbohidratos
Una dieta baja en carbohidratos no tiene por qué ser negativa en todos los casos. Pero en determinadas mujeres puede no estar siendo bien tolerada.
Algunas señales de alerta serían:
- más frío corporal
- fatiga persistente
- peor rendimiento
- peor recuperación
- insomnio o despertares nocturnos
- ansiedad por comida
- pérdida o irregularidad menstrual
- estreñimiento
- caída de cabello
- piel seca
- empeoramiento del estado de ánimo
- aumento de la retención
- menor tolerancia al entrenamiento
- aumento de pulsaciones en reposo
- empeoramiento de la libido
- estancamiento tras una bajada inicial
- sensación de cuerpo “bloqueado”
Estos síntomas no prueban por sí solos que la T3 esté baja.
Pero sí indican que la estrategia puede no estar alineada con el contexto fisiológico.
La dieta cetogénica no es el enemigo: el dogma sí
Este artículo no es una crítica simplista a la dieta cetogénica.
La dieta cetogénica puede tener utilidad clínica en contextos concretos. Tiene historia en epilepsia refractaria, se estudia en obesidad, síndrome metabólico, salud neurológica y otras áreas. La revisión de Vranjić et al. describe que la dieta cetogénica produce adaptaciones metabólicas profundas que van más allá del control del peso y analiza sus efectos potenciales sobre la función tiroidea.
El problema no es la herramienta.
El problema es convertir la herramienta en dogma.
Una dieta cetogénica puede ser útil en una persona y ser inadecuada en otra.
Puede tener sentido en un contexto y ser contraproducente en otro.
Puede ser temporalmente útil y no ser sostenible a largo plazo.
Puede mejorar ciertos marcadores y empeorar otros.
Por eso, el enfoque correcto no es ideológico.
Es fisiológico.
La frase central: no trabajo con dogmas, trabajo con fisiología
No se trata de decir:
“keto sí.”
“keto no.”
“carbohidratos sí.”
“carbohidratos no.”
Se trata de entender:
- qué mujer tengo delante
- qué analíticas tiene
- cómo entrena
- cómo duerme
- cómo digiere
- cómo está su ciclo
- cómo responde su sistema nervioso
- qué historial de restricción tiene
- qué síntomas presenta
- qué señales está recibiendo su metabolismo
Porque el metabolismo no responde solo a calorías.
Responde a señales.
Y los carbohidratos, en el contexto correcto, pueden ser una señal de seguridad metabólica.
Conclusión: el cuerpo no está roto, está respondiendo
Muchas mujeres con hipotiroidismo creen que su cuerpo está roto porque no responde.
Pero muchas veces el cuerpo no está roto.
Está adaptado.
Adaptado a comer poco.
Adaptado a entrenar mucho.
Adaptado a vivir en estrés.
Adaptado a dormir mal.
Adaptado a tener miedo a los carbohidratos.
Adaptado a sostener años de restricción.
Adaptado a funcionar en modo ahorro.
La solución no siempre es restringir más.
A veces la solución es reconstruir señales de seguridad fisiológica.
Y en mujeres con hipotiroidismo, autoinmunidad, baja disponibilidad energética o entrenamiento intenso, los carbohidratos no siempre son el enemigo.
A veces son parte de la señal que el cuerpo necesita para volver a responder.
Power Experience: nutrición funcional, entrenamiento adaptado y regulación metabólica real
En Power Experience no trabajamos desde dogmas nutricionales.
Trabajamos desde fisiología, analíticas, síntomas, entrenamiento, sistema nervioso, digestión, ciclo menstrual, recuperación y contexto real.
Porque no toda mujer necesita comer menos.
Algunas necesitan dejar de vivir metabólicamente en escasez.
Y eso no se consigue con otro protocolo genérico.
Se consigue entendiendo el cuerpo que tienes delante.
Bibliografía científica
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